La Noche que vino el “Profeta”

Marjoe el Niño predicador

ACLARACIÓN: El siguiente escrito, no es apto para aquellos de cuero blandito, ó aquellos que simplemente no puedan escuchar ideas diferentes a las suyas sin terminar condenando. El propósito de esta reflexión no es el de criticar, ni mucho menos el tratar de cambiar su parecer, sino más bien hacer uso de mi derecho constitucional de formular y expresar mi opinión, mi sentir, mi parecer al respecto. Así que siéntase en la entera libertad de como yo, hacer también uso de su derecho fundamental a diferir y de expresar su parecer.

Se acerca la hora, las bancas llenas a capacidad, y la gente sigue llegando. Como salchichitas en lata, se apretujan felices con la expectación de recibir su milagro; sanidades, maravillas y prodigios son parte del menú de la noche.

Ya la atmósfera está preparada, con la música adecuada, suficientemente sabrosa como para mover hasta el último de los huesitos. Y Todos de pie, cantando a voz en cuello, con un frenesí condicionado que se apodera de los sentidos al escuchar vez tras vez las frases específicas del cliché carismático

La masa ansiosa con niveles de emoción al máximo, y miembros que esporádicos al no contener, explotan en movimientos descontrolados sacudiendo hasta lo último de sus neuronas. Y al finalizar el preámbulo, se da paso a la expresión máxima del la idiosincrasia Pentecostal.

Así sin más, irrumpe el llamado “profeta” que se mueve de lado a lado, agitando a su público advirtiendo de que “Algo grande va a pasar esta noche” , “ Siento a Dios en este lugar”, “Quien está listo para recibir su milagro”.“Pónganse de pie”. Y la música alentadora que acompaña cada oferta, te empuja de la silla a querer sin razón, alcanzar tu milagro.

Así continúa la cartelera de la noche, que entre gritos y saltos, parece más un rito del Caribe que un culto de adoración.

Y la oferta comienza con milagros a montón por chavo y predicciones generales con promesas de sanidades. Y los desesperados se entregan en filas, masas ordenadas, sugestionadas al máximo, que dirán, harán y creerán lo que quieran con tal de recibir su milagro.

Y nuestro “profeta” va de uno en uno adivinando, nombres, problemas, situaciones, que muy generales aplicarían a cualquiera que con su mente ya condicionada las reclamará como suyas.

Y el que promocionado como sanador continúa su rutina y con un solo toque alivia dolores, se platifican muelas, se aflojan cojeras y desaparecen tumores, cumpliendo lo prometido y lo anunciado en cultos anteriores. Y así continúa toda la noche, a veces con episodios de gritos perturbadores y brincos por cada esquina, pero las masas continúan pidiendo más. Hasta que la hora final llega y culmina un culto lleno a capacidad, más concurrido que el culto de adoración, más que el de estudios bíblico, más que el de oración, más que el Dominical.

Y yo en mi ignorancia me pregunto; ¿Qué con todo este rollo?, ¿Cuál es el propósito más allá de todo esto?, ¿En qué me edifica, a mí y a aquellos que no recibimos nuestro milagro?

Además también me pregunto ¿No fueron acaso el don de lenguas, el don de sanidad y el don de profecía, dones fundantes? Necesarios al principio para el establecimiento firme de la iglesia primitiva. Dones que fueron necesarios para que la palabra fuera entendida por todos aquellos presentes en su mismo idioma, dones que mostrarán el poder inmenso de nuestro Dios en tiempos en los que el cristianismo nacía y necesitaba mostrarse con poder. Dones que en una iglesia naciente, carente de la palabra escrita, era necesario que Dios hablara entre ella.
¿Nos son necesarios estos “profetas” de profesión, con dones de sanidad permanentes? ¿Son bíblicos, o fueron estos dones entregados a la iglesia, en donde se manifestaran a la voluntad de Dios?

Claro amigos, no quiero en ningún momento negar o pretender limitar el poder de nuestro Dios. Dios es soberano, y sin duda alguna puede hacer lo que quiera. Pero lo que se me hace difícil de creer es que una persona tenga el poder exclusivo todo el tiempo a su antojo. Conozco casos en los que las personas han sido sanadas de enfermedades terminales en la iglesia, pero han sido mediante una iglesia que intercede en oración y en algunos casos ayunos.

Tengo mis reservas con los “profetas” de profesión modernos, aquellos que hablan todo el tiempo en nombre de Dios. A veces me parece difícil digerir el mensaje, especialmente en nuestro tiempo, donde tenemos toda la palabra de Dios revelada en la biblia. ¿Acaso es necesario que añada más, no es suficiente lo que tenemos?

En fin después de todo esto “Fue la Noche que Vino el “profeta” en la que realice que no podía dejar de ser lo que nunca he sido. Fue en esa Noche que le dije a mi esposa que “No puedo decir que ya deje de ser Pentecostal porque realmente nunca lo fui.”

Por Cesar O Rivera

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