EL Post-Modernismo y su relatividad

Según el diccionario de “La Real Academia de la Lengua Española” Postmodernismo se define como: “Movimiento artístico y cultural de fines del siglo XX, caracterizado por su oposición al racionalismo y por su culto predominante de las formas, el individualismo y la falta de compromiso social.”

Uno de los puntos en relación al post modernismo, es el deseo de sus proponentes de reescribir la historia y la relatividad de las fuentes, dándole igual valides, a ideas y relatos (sin importar las fuentes de las que provengan) y a los hechos comprobados con datos históricos. El peligro de esta relatividad de eventos históricos es el que nos pone a la merced de aquellos grupos de poder que son los que tienen los recursos de rescribir nuestra historia a su conveniencia. De esta manera se condicionarían las mentes de aquellas personas que estuvieran expuestas a dicha propaganda, formando así una nueva generación que responda sin problemas a los intereses de conglomerados económicos, gobiernos entre otros.

Además con este relativismo histórico se dejaría en manos de quien reescribe la historia el poder absoluto de decidir la veracidad de los hechos y sucesos del pasado, presente y futuro, dándole el poder a estos para ocultar terribles actos genocidas (muerte de inocentes en las guerras Irak, Afganistán, y otras) o simplemente resaltar a niveles heroicos figuras de personas, pueblos y compañías. (George Bush, El Che Guevara, el Sueño Americano).

El postmodernismo surge como resultado del fracaso (aparente) del modernismo al este no alcanzar sus postulados utópicos. Los discursos más fervientes a favor a la modernidad, aseguraban un futuro en el que la pobreza, el hambre y la miseria serían abolidos por la razón. El progreso prometía que con la aplicación de la ciencia a todo, se lograría alcanzar el bien común. El trabajo arduo y el énfasis en la producción industrial iban a ser recompensados al final según los modernistas, con un bienestar social generalizado en el cual el poder y las riquezas estarían equitativamente repartidos. (Las generalidades de ese desencanto se expresan en una pérdida de confianza en las promesas de libertad, justicia, progreso científico y económico e igualdad que la modernidad ilustrada y revolucionaria de la Europa de los siglos XVIII al XIX le había hecho a la humanidad (Lyotard, 1989, p. 9 y Habermas, 1992, pp. 160-163) ).

Es evidente que ese mundo idílico nunca llego a materializarse, ya que envés de una paz generalizada nuestra sociedad ha sido testigo de varias guerras atroces y una escalada en conflictos bélicos.( En esas guerras los supuestos avances científicos se utilizaron para desarrollar tecnologías de destrucción que produjeron más muertes entre la población civil que en cualquier otro conflicto bélico anterior. La modernidad se quedo cortas en sus expectativas. (López H.) Breve trasfondo del desarrollo histórico de la Modernidad y de la Modernidad Tardía1© pp.3). Es evidente que el modernismo se quedó corto en sus expectativas.

El Postmodernismo trajo consigo una era de individualismo. Con la muerte aparente de los ideales y el nacionalismo, se busca entonces siempre resaltar nuestra individualidad. Ese individualismo lo podemos notar en muchos aspectos de nuestra sociedad, como por ejemplo vemos como los “Juegos” que antes los jugábamos en grupos (deportes, Juegos de mesa y otros) y promovían la imaginación son remplazados en su totalidad, por aquellos que se juegan individualmente o en casi total aislamiento (video juegos, juegos electrónicos). Ahora se busca y se alaba la expresión y el reconocimiento del individuo.

En nuestro egoísmo postmodernista alabamos el yo, con un culto al cuerpo y a las apariencias. Preocupándonos más en cómo nos vemos, hemos degenerado nuestro concepto de belleza, siendo los cuerpos anoréxicos los que pautan los estilos a seguir. Y es en esta vana manera de pensar, que nuestra sociedad se hunde cada vez más, condicionando nuestro juicio, a la importancia de la imagen. Substituyendo la ideología y contenido como criterio para elegir a nuestros líderes, por la apariencia física y su modo de proyección.

Los excesos en nuestra sociedad postmodernista son la orden del día. Todo ahora es grande, mega y súper, cambiamos los pequeños mercados, por aquellos enormes, en los que puedes conseguir de todo y a todo momento (Wal-Mart). Y comenzamos a medir el valor de las personas por lo que tienen envés de por lo que son. Y enredado en ese exceso del postmodernismo nos convertimos en una sociedad de consumo. Donde los medios de comunicación (que hemos convertido en nuestras sagradas fuentes de referencia), nos crean las necesidades con un bombardeo 24/7 de propaganda directa e indirecta.

Otro aspecto preocupante de esta era postmodernista es el Relativismo Moral, hemos visto como de una manera brutal se atacan cada día en los medios de comunicación, y fuera de ellos, nuestros valores morales. Queriendo abolir todos aquellos, principios que son determinantes para el desarrollo sano y emocional del individuo. Con la excusa de la relatividad moral hemos dado rienda suelta a unos desenfrenos en la búsqueda de la satisfacción personal, donde pareciera que en realidad el fin justificara los medios a utilizarse. Esta sociedad está comenzando a anular los valores familiares, restándole valides a la importancia de una composición sana de la familia, ridiculizando muchas veces este concepto (The Simpsons, Family Guy) o simplemente creando la idea de que elementos ajenos a la familia son más importantes y fiables que esta. Si tomamos un momento y analizamos todos los ejemplos que los medios de comunicación nos dan de una familia, vemos como la disfuncionalidad familiar es la norma. Se resalta en cada momento posible los aspectos negativos de la familia, y nos presentan a padres negligentes, abusadores, familias divididas y una crasa falta de respeto a las personas mayores, los que en un tiempo eran considerados como las figuras con gran sabiduría y experiencia ahora son presentados, como los ancianos seniles, fuera de sí, a los cuales se les tiene que tener lo más alejado posible por considerarse una carga.

Continuará…

Cesar O. Rivera

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